lunes, septiembre 18, 2023

El porqué detrás de la devaluación en Argentina: ¿Qué se espera?

 La situación económica en Argentina con la inflación acelerada de las últimas dos semanas tras las elecciones nacionales primarias está que arde. Si bien este panorama inflacionario ya era harto conocido durante años, los datos actualizados con la suba del valor del dólar con respecto al peso argentino han reflejado un drástico aumento que hace aún más abismal la brecha entre una moneda y la otra, provocando la rápida devaluación de la moneda argentina.


La devaluación generada impacta directamente sobre los salarios y el poder adquisitivo de los trabajadores, que pierden frente a la dura arremetida de la moneda extranjera. En julio pasado, los precios de la canasta básica aumentaron hasta el 113,4% interanual. En tanto que la devaluación del peso es del 18,3%, según los registros del Banco Central, desencadenando una abrupta subida de precios en casi todos los comercios del territorio argentino.

Días atrás, el dólar blue llegó a cotizar a 780 pesos. En lo que va de agosto, el dólar blue obtuvo un alza de $230, el equivalente a un 41,8%. De mantenerse esta tendencia, se estaría registrando la suba mensual más grande desde 2002, cuando se dio de baja al régimen de la convertibilidad. En este artículo, analizamos el panorama general de esta devaluación en Argentina y qué esperar en el futuro ante un traspaso de gobierno.

Crónica de una devaluación anunciada.

Han pasado más de 20 años del añorado dólar 1 a 1. Con el violento desenlace del gobierno de De la Rúa, en 2001, se puso fin al paraíso fiscal que representó la época de la convertibilidad de los 90. Pero, ¿Qué significó la convertibilidad para Argentina? La década anterior, es decir, los 80, estuvo marcada por una fuerte crisis económica conocida como hiperinflación, la cual alcanzó índices de 764% en mayo de 1989.

El gobierno de Carlos Menem instauró el plan de convertibilidad en 1992 y fijó el equivalente entre el peso argentino y el dólar estadounidense en 1 a 1. El peso fue decretado en reemplazo del austral. Pero con el fin de la convertibilidad en 2002, la moneda argentina recuperó la flotación cambiaria y el rol de instrumento de financiamiento del Estado. Sin embargo, a partir de 2007 se empezó a sentir mucho más intensa la tendencia inflacionaria, lo que propició la entrada en vigencia de controles cambiarios cada vez más estrictos.

Años más tarde, entre 2016 y 2019, se produjo una nueva crisis inflacionaria, como resultado de una desregulación cambiaria, lo que motivó desde entonces un acuerdo entre el gobierno de Alberto Fernández y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esto no impidió que la economía argentina se desbalanceara aún más.

Si bien por un lado el peso como medio de pago era el menos deteriorado, porque la recaudación es generalmente en pesos, por el otro, la unidad de cuenta sí se vio afectada con la dolarización de muchos bienes, como las propiedades y los bienes durables en general. En consecuencia, el dólar termina compitiendo con el peso como unidad de cuenta en Argentina, estableciendo una economía bimonetaria en donde las personas prefieren ahorrar en dólar que en pesos por la pérdida de valor constante del peso cada día.

Para algunos economistas, como Zeolla y Medina, la ley de convertibilidad de los 90 es una de las principales responsables de la devaluación del peso argentino, precisamente porque se construyó como mecanismo para reprimir la inflación, lo que derivó irónicamente en el efecto contrario con los años.

Sin embargo, aunque pareciera que el camino para la economía argentina es la dolarización, el peso como moneda oficial aún se mantiene vigente desde hace 32 años, habiéndose mantenido a la par con el dólar en la década de los 90, en la década siguiente con un leve incremento de la moneda estadounidense y solo a partir de 2011 la suba se disparó hasta lo que es hoy.

El efecto “Milei.

Sin duda, hubo un antes y un después en las elecciones primarias denominadas Paso, llevadas a cabo el pasado 13 de agosto, en donde se impuso el candidato libertario Javier Milei junto a su coalición La libertad avanza. Sus polémicas propuestas de dolarización, privatizaciones a diestra y siniestra, eliminación del Banco Central, un seguro de desempleo aportado por los propios trabajadores, reducción o eliminación de retenciones, eliminación de la obra pública, subsidios y ministerios, entre otros, ya trascendieron las fronteras argentinas.

Contestatario, carismático y hasta irascible, Milei ha construido una imagen de líder ultraderechista que se opone a la “casta política” imperante para intentar erigir un modelo de gobierno de ideas extremas y disruptivas que produzcan un quiebre de las actuales políticas moderadas del kirchnerismo, el PRO y las cada vez más debilitadas izquierda y radicalismo.

Para sorpresa de muchos, la promesa de medidas extremas del candidato sedujo a las masas, en especial a la juventud, logrando un inesperado triunfo en las urnas por encima del candidato oficialista, Sergio Massa, y los dos contrincantes del PRO, Patricia Bullrich y Horacio Rodriguez Larreta. Este resultado favorable para Milei y desastroso para el gobierno inmediatamente se reflejó en un incremento significativo de los valores de la divisa estadounidense, que se disparó hasta casi los $800, acentuando aun más la devaluación en Argentina del peso.

Ante un panorama incierto para la economía argentina que no logra frenar la inflación, la derrota del oficialismo encendió la alerta por la acelerada pérdida de control sobre la catastrófica caída del peso, lo que está generando una preocupante suba de precios y de tarifas en contraposición con el incesante empobrecimiento de los salarios y nivel de vida. Como era de suponer, la respuesta de la gente en las calles no se hizo esperar, al propiciar numerosos saqueos en distintos puntos del país.

Cuesta creer que un resultado inesperado en las elecciones primarias haya acelerado la devaluación en Argentina, pero ante la falta de acciones concretas del gobierno para sostener la economía y las propuestas incendiarias de Milei que apuntan hacia la dolarización de la moneda, el pueblo argentino vive en la incertidumbre y ya no sabe a qué atenerse.

De ahí que un alto porcentaje de votantes decepcionados por la extensa sucesión de gobiernos devenidos en fracasos haya depositado su confianza en un político marginal que promete derribar los cimientos de la economía tradicional. ¿Puede representar un cambio positivo una figura tan controvertida para un país tan quebrado como Argentina? El tiempo se encargará de revelar la verdad.

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